Como saben todos los que me conocen, mi primer viaje a Barcelona me fue fatal: fue amor a
primera vista, si es posible enamorarse de una ciudad. En efecto, esa fue sólo la primera de una serie de visitas de Barcelona, pero eso bastó por encender mi pasión por el idioma y por todo lo que es español....(visité también otras ciudades, pero no tantas veces como ella!).
Y cada vez que voy a Barcelona me pregunto porqué volver, porqué esta ciudad me gusta, y porqué siempre cuando salgo, tengo la sensación que todavía no vi todo y que nececitaría otro viaje.
Mi novio y mi hermana, que a menudo viajan y viajaron conmigo, tienen la misma sensación.
En realidad durante el viaje, vi los edificios de Gaudí, la Sagrada familia, el MACBA, el mercado de la Boquería, Barceloneta y la Villa Olímpica....todo lo que ven todos los turistas. Pero había una sensación que me decía que esta ciudad tenía algo diferente, algo que me hacía andar por kilómetros y kilómetros cada día, algo que me decía que había otras cosas diferentes de las Ramblas o del Barrio Gótico, y que debía buscar lejos del centro; si quería ver y conocer Barcelona contemporánea, la de los grandes arquitectos contemporáneos, habría debido alejarme, y partir de donde las transformaciones empezaron: el puerto nuevo y la villa olímpica.
En efecto, como descubrí en los viajes siguientes, las transofrmaciones más interesantes y más rapidas se están desarrollando en el barrio del Poblenou...un barrio, una vez muy pobre y deprimido, que ahora está cambiando y volviéndose el centro de comunicaciones de la ciudad.
primera vista, si es posible enamorarse de una ciudad. En efecto, esa fue sólo la primera de una serie de visitas de Barcelona, pero eso bastó por encender mi pasión por el idioma y por todo lo que es español....(visité también otras ciudades, pero no tantas veces como ella!).Y cada vez que voy a Barcelona me pregunto porqué volver, porqué esta ciudad me gusta, y porqué siempre cuando salgo, tengo la sensación que todavía no vi todo y que nececitaría otro viaje.
Mi novio y mi hermana, que a menudo viajan y viajaron conmigo, tienen la misma sensación.
En realidad durante el viaje, vi los edificios de Gaudí, la Sagrada familia, el MACBA, el mercado de la Boquería, Barceloneta y la Villa Olímpica....todo lo que ven todos los turistas. Pero había una sensación que me decía que esta ciudad tenía algo diferente, algo que me hacía andar por kilómetros y kilómetros cada día, algo que me decía que había otras cosas diferentes de las Ramblas o del Barrio Gótico, y que debía buscar lejos del centro; si quería ver y conocer Barcelona contemporánea, la de los grandes arquitectos contemporáneos, habría debido alejarme, y partir de donde las transformaciones empezaron: el puerto nuevo y la villa olímpica.
En efecto, como descubrí en los viajes siguientes, las transofrmaciones más interesantes y más rapidas se están desarrollando en el barrio del Poblenou...un barrio, una vez muy pobre y deprimido, que ahora está cambiando y volviéndose el centro de comunicaciones de la ciudad.
Cuando vi por primera vez la Torre de AGBAR, en ese barrio, el edificio más alto de Barcelona, iluminado por la noche, comprendí que esa zona me gustaba mucho porque me habría hecho muchas sorpresas....Y así fue.

Cada vez que vuelvo a Barcelona encuentro un hotel en esa zona, y empiezo la búsqueda de las transformaciones....y cada vez descubro algo nuevo.
Durante el último viaje, por el verano pasado, hice una foto del techo del hotel y conté las grúas...increíble cuántas!
Es imposible describir esa zona sin verla: hay mucho contraste entre los viejos edificios y los nuevos, los primeros bajos, del inicio del siglo XX, con decoraciones de estuco y pequeñas ventanas de madera, los otros, altos, muy, muy altos, con grandes vidreras.
Las calles han permanecido como Ildefonso Cerdá las proyectó en 1856: anchas, con árboles, con pequeñas ramblas para pasear y charlar en los calientes días del verano...
Esa característica me tocó mucho: aquí en Italia, la gente no “vive la calle”, ella sólo es un percorso para ir de un lugar a otro, en cambio en Barcelona las calles son un “lugar” en el (más amplio) sentido de la palabra, donde la gente se contacta, sobre todo los mayores: allí juegan los niños, juegan y charlan los abuelos, allí se encuentra la gente.
Las calles, los espacios para jugar, los carriles de bicicletas, los bares con sus terrazas, se repiten en la ciudad siempre diferentes, pero siempre me dan la sensación de quedarme en casa de amigos.Es imposible describirla, ella y las otras, porque ya han cambiado sus caras.
La ciudad se transforma, en todos sus barrios, de manera y tiempos diferentes siguiendo el desarrollo de su pueblo.
Cada vez que me voy a Barcelona, siempre me llevo la misma pregunta:
¿Puede ser eso el secreto, el alma viva, de esa ciudad que me llama cada día más fuerte: unas ganas de renovación constante que produce la imposibilidad de comprender hasta el fondo su belleza y de sentir conocerla verdaderamente?
Laura (Fidenza)



Laura: tu relato me pareció distinto, al menos distinto a lo que me imaginaba o esperaba que dijeras de Barcelona. Creo que has probado expresar tus sentimientos y sin duda lo has logrado. Muy bien y a ver si seguimos probando.
ResponderEliminarSuerte.
Marilina